Sexos binarios, códigos binarios

por Sadie Plant (traducción y adaptación: Gisela Di Marco)

Una vez la comunicación tuvo lugar entre claros puntos nodales. Los mensajes eran llevados de A a B, primero por sus mensajeros, y luego a través de medios como el telégrafo, el teléfono y la radio.

A y B han sido siempre aquellos con algo que decir o escribir. En el mundo moderno, suelen ser los hombres. Las mujeres han funcionado como los mensajeros, e incluso como los mensajes mismos.

"La sociedad que conocemos, nuestra propia cultura, está basada en el intercambio de mujeres", escribe Irigaray. "Los intercambios en los cuales las sociedades patriarcales están basados tienen lugar exclusivamente entre hombres. Mujeres, signos, bienes y dinero siempre pasan de un hombre a otro; si fuera de otro modo, se nos dice, el orden social retrocedería hacia lazos incestuosos y exclusivamente endógamos que paralizarían toda forma de comercio".

El patriarcado no es una construcción, un orden, o una estructura. Todas estas son representaciones de una economía, un sistema en el cual la mujer funciona como moneda corriente, y como mercancía; medio, recurso y base material. Ella existe "sólo como posibilidad de mediación, transacción, transición, transferencia -entre el hombre y sus semejantes, en realidad, entre el hombre y sí mismo". La mujer es la intermediaria, la que lleva sus mensajes, desencripta sus códigos, cuenta sus números, tiene a sus hijos y transfiere su código genético. Ella es el medio, la herramienta, el bien primario de una economía especular cuyos circuitos son la definición del patriarcado. 

La revolución de las telecomunicaciones no deja esta situación sin cambio. "Dos terminales no hacen dos interlocutores. En el tele-espacio (...) ya no hay términos o posiciones determinadas. Sólo terminales en una posición de ex-terminación". Esta es también la muerte del sujeto, el cual pierde su diferencia cualitativa con los objetos que él podía manipular como recursos, o medios, para sus fines. Esta automatización de la comunicación funde media y mensaje, medios y fines. Las líneas se vuelven más importantes que los puntos, los cuales colapsan en redes rizomáticas que ya no funcionan como nodos controladores. Mensajeros, mensajes, y los puntos entre los cuales ellos circulan son codificados como el 1 y el 0 de la matemática binaria, un interruptor de encendido y apagado que, como escribe Baudrillard, ya no es una oposición distintiva o una diferencia establecida. Es un 'bit', la unidad mínima de impulso electrónico -no ya una unidad de sentido (...). Así es como la matriz de la información y la comunicación luce, y como las redes funcionan".

Aunque, en cierto sentido, el absoluto reduccionismo del código binario refuerza los binomios de la moderna economía sexual, tiene también efectos contrarios. La introducción del código binario instaura un plano de equivalencia que socava los cimientos mismos de un mundo en el cual lo masculino y lo femenino han jugado los roles de superestructura y base material. Los intermediarios se vuelven más importantes que aquello que ellos llevan; los sistemas de comunicaciones adquieren vida propia; redes y máquinas aprenden a encenderse por sí mismas. 

Este ensayo explora algunas conexiones pasadas, presentes y futuras entre mujeres, computación, medios y comunicaciones, a fin de dar una respuesta positiva a la pregunta que propone Irigaray: "Si las máquinas pueden activarse por sí mismas, no pueden las mujeres hacerlo de la misma manera?

 
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