Weareables

¿Qué hay después de las computadoras personales?

Por Alejandra Unsain

La carrera de "neceseres" digitales de todo tipo - laptop, teléfonos celulares, los PDA´s (Asistente Personal Digital), entre otros- presenta dispositivos lo suficientemente capaces para molestarte en todas partes sin necesariamente ayudarte en algún sitio. Actualmente la torpe practicidad de estos dispositivos está siendo rediseñada. 

Hace más de 20 años, The Architecture Machine Group, en el MIT, construyó una "habitación únicamente para y de medios", tratando de aproximarse a la idea de que uno debería estar dentro de la computadora y no sólo frente a ella. Esta visión presagió los actuales 'ambientes inmersivos' y en poco tiempo será posible reducir este cuarto a las medidas del cuerpo. 

En un futuro próximo, la PC estallará en pedazos, muchos de los cuales, deberán tenerse mas cerca que en la casa o en la oficina. Si bien hasta el momento los softwares no han sido particularmente softs [flexibles], y sus bits a pesar de ser tan insustanciales como el éter, tienden a estar "envasados" en cajas duras; es necesario actualmente, si queremos que el hardware y el software nos envuelvan cómodamente, que se añadan a una soft-wear, a una vestimenta flexible. 

Los anteojos, el reloj pulsera, en los 60´ la frase "Cyborg" -un ser humano magnificado con tecnología-, el Walkman de Sony, "Terminator - y sus escenas filmadas desde el punto de vista del robot -; son algunos experimentos, inventos y pensamientos que allanaron el camino para las computadoras wearable. La historia mas reciente presenta teclados y pantallas atadas a las muñecas; cámaras de video imperceptibles conectadas a la red y alojadas en nuestra vestimenta junto con sensores, localizadores GPS, micrófonos, placas de sonido, entre otros. Y para que no perdamos la gracia entre tanto artefacto, la Creapôle Ecole de Création y el MIT, desde 1997 están trabajando para visualizar la ya inminente unión entre la moda y las computadoras. 

Polímeros semiconductores son los candidatos predilectos para la lógica wearable. El resultado, será una postrera arquitectura flexible computacional. Recibir información a través de un aro, o enviar mensajes de voz por una solapa, determina un rol radicalmente diferente a la tradicional función obstaculizante de los accesorios de moda y pasar a ser así uno de los puntos mas importantes para el acceso a Internet. 

Poder utilizar la computadora mientras realizamos cualquier otra actividad parece romper con la atención exclusiva que demandaron desde siempre las computadoras de escritorio. Su funcionamiento ininterrumpido, permite que la máquina pueda procesar información que no haya sido ingresada por el usuario, sino extraída de manera permanente y automática del entorno, y enviar los "resultados" sin que nadie se los pida. Estos dispositivos, adaptables a la fisonomía y funcionalidad del cuerpo, ya no nos son adicionados en caso de disfunción o de alguna facultad disminuida -a diferencia de las nociones tradicionales de las prótesis-, sino como extensión y acrecentamiento de nuestros sentidos y capacidades. Nos visten y revisten de nuevos potenciales y de percepciones amplificadas que determinarían prácticas y modo de actuar distintos. 

Sin embargo, este tipo de innovaciones requieren ser pensadas mas allá de predicciones y proyectos aislados, y ubicarlos en un contexto socio-econcómico y cultural que permita poder trazar sus posibilidades reales de inserción masiva. Robert X. Cringely, en su artículo "la vida después de la Ley de Moore " se pregunta quiénes tendrán la posibilidad de adquirir un "abrigo computarizado" por $5.000. La solución para este autor es desestimar la Ley de Moore. 

En el contexto de la ideología tecnológica, estos abrigos nunca serán mas accesibles: siempre será indispensable tener un modelo mejor, el último; y, sumado al capricho de la moda, quién estará contento con sólo poseer uno de estas fabulosas vestimentas.

Para este autor mas allá de la modificación en el modo en las computadoras están "envasadas", es necesario una modificación en el modo en que las utilizamos, no sólo en tanto parte de nuestra ropa, sino como parte de nuestra infraestructura "real", en caminos, cunetas, semáforos y edificios, en espacios que hayan tomado el potencial de la informática desde sus entrañas: en lugar de pararse en una esquina y "preguntarle" a nuestra solapa por el pronóstico del tiempo, le preguntaríamos al parquímetro. Cualquier cosa que tenga la capacidad de suministrar energía podría convertirse en un dispositivo que trabaje dentro de una red de datos y al mismo tiempo como parte de la infraestructura pública. 

A diferencia de las computadoras personales este parquímetro podría ser usado por cientos de personas por día, lo que disminuiría radicalmente el costo-efectivo de usar un traje computarizado, pero no serviría si tuviéramos que comprar un parquímetro nuevo cada 18 meses. En este punto es donde se hace necesaria la cesación de la ley de Moore, en tanto fomento de una tecnología descartable, y pasar a construir tecnología "perdurable". 

Para vestir o no, la extensión de lo digital hacia ámbitos impensados, nos conduce desde la era de la computadora personal, y su conquistada ubicuidad, hacia el que parece ser el próximo paso: la invisibilidad. 

 
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