DIARIO DE NAVEGACIÓN

De La Nueva Ciudad de Dios a Ciberatenas

Un filósofo y un artista españoles desarrollaron una particular lectura de las nuevas tecnologías, donde postulan que la revolución digital es la última expresión de una tradición marginal en el pensamiento de occidente.

Por Gustavo Pablos


Es indudable que las nuevas tecnologías ejercen una fascinación que puede transformarse en imposibilidad para percibir matices y diferencias. Frente a esta situación, la capacidad para tomar distancia y ensayar una lectura donde puedan convivir la crítica y la ironía suele ser un esfuerzo demasiado complicado para nuestros hábitos intelectuales.

Pareciera que las nuevas tecnologías se explican por sí solas, y las únicas opciones que tenemos son la admiración, el rechazo o la apropiación de algunas de sus herramientas. Si nos dejamos llevar por la admiración, no habrá margen para la duda, mientras que si ejercemos la sospecha, ya sea absoluta o relativa, estamos condenados a cierta pasividad. Para recurrir a una vieja formula, o bien somos apocalípticos, o bien somos integrados, pero difícilmente podamos pensar en una figura más soberana, como la del apocalíptico integrado.

Como ejemplo de la última posición voy a recurrir a un sitio de la web. Se trata de una acertada propuesta para ver cómo Internet puede servir para muchas cosas. Por supuesto, la fuerza del ejemplo que citaré reside en que no demanda de nosotros la adhesión completa. Más bien postula un modo, una actitud, pero su posibilidad de propagación seguramente obedecerá, a diferencia de los virus, a la importancia que nosotros le querramos otorgar.

Por eso me interesa reseñarlo, porque no se trata de cambiar una fe por otra, sino de mostrar que si bien las cosas habitualmente se piensan desde una posición, también es posible pensarlas desde otras posiciones. Esa nueva mirada, que quizás sea como pasar de un plano detalle a un plano general, tal vez contribuya a generar cambios sobre lo que pensamos, y cómo lo pensamos, además de hacer posible que el objeto observado (en este caso Internet y las nuevas tecnologías) tome un nuevo rumbo.

Andoni Alonso y Iñaki Arzoz han creado una propuesta, La Nueva Ciudad de Dios: Tesis ciberculturales para una visión crítica de la cibercultura, donde postulan una visión utopista y casi religiosa en las teleco-municaciones actuales. La página (www.terra.es/personal4/puelles) es el nivel 3 del proyecto, que comenzó con el libro La Nueva Ciudad de Dios y el CDRom adjunto, con materiales complementarios y colaboraciones invitadas.


Creo que uno de los aspectos más importantes es la idea de continuar de manera colectiva con el proyecto-propuesta del libro, para que funcione como foro donde poder debatir los temas que plantean. El objetivo central es convertir este sitio en un reducto virtual que resista a lo que sus autores denominan el Ciberimperio y al poder económico y religioso de lo que han bautizado como La Nueva Ciudad de Dios.

Glosar esta propuesta es una vasta empresa, me voy a detener en algunos aspectos significativos. Uno de los ejes es que en la actualidad Internet muestra la misma concepción de la tecnología como magia salvadora gestada en el siglo XVI. Los autores postulan que el Renacimiento comienza a generar la utopía tecno-religiosa que culmina en autores contemporáneos como Frank Tipler o Freeman Dyson. El núcleo, origen y fundamento de la cibercultura no residiría en las novedades de la tecnología, tampoco en la tecnología en su conjunto, sino en ciertas ideas, consideradas arquetípicas de la cultura occidental, que habrían conformado lo que hoy entendemos por cibercultura.

Es decir, existiría una tradición occidental con pensadores, artistas, científicos y visionarios que generaron paulatinamente una cibercultura marginal que dio lugar a la cibercultura actual. No serían la informática, la inteligencia artificial o Internet, las tecnologías que han creado la cibercultura, más bien es la cibercultura la que ha generado las tecnologías cibernéticas (o al menos ambas se han creado simultáneamente). Una de las tareas que llevan adelante sus autores es la de establecer una genealogía de sus hitos y personajes más relevantes.


Las tesis

Lo más importante del desarrollo tiene que ver con las tesis centrales. Según estos autores la cibercultura (el conjunto de manifestaciones sociales y culturales en torno a las cibertecnologías) se está convirtiendo en una religión: la religión digitalista, una nueva versión de la fe en la tecnociencia moderna. Su origen lo podríamos encontrar en una tradición tecno-hermética, que considera el hermetismo como vía religiosa para el conocimiento y cree que la tecnología puede construir un paraíso artificial.

Para explicar la conversión de la tecnología y las cibertecnologías en religión digitalista, postulan el principio de que vivimos en una época de decadencia de las religiones monoteístas. En este contexto, Norteamérica tomó la iniciativa. Es el país que originó el Ciberimperio americano e impulsó la evangelización del digitalismo como manera de introducir el modelo político, económico, social y cultural de la Nueva Ciudad de Dios frente a Europa que representa una Ciberatenas más crítica y concientizada.

No obstante, ¿cómo llegan a esta formulación que combina relatos y argumentaciones de diversas disciplinas? La interpretación toma como eje dos parodias. El digitalismo del Ciberimperio norteamericano sería una versión tecno-hermética del cristianismo en el momento en que se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. De ahí que La Ciudad de Dios de San Agustín (libro que ubica la conversión espiritual de la Roma pagana asaltada por los bárbaros), sea considerado como emblema de la situación y clave metafórica de la investigación. Una investigación que conduce, con agudeza pero también con mucha ironía, a la conclusión de que las nuevas tecnologías son el fermento de una religión cientificista que quiere guiarnos a una Nueva Jerusalén celestial alejada de la diabólica Babilonia de la realidad.

La segunda y paródica investigación ha sido caracterizar al digitalismo como religión imperial más o menos copiada del cristianismo en el contexto del nuevo Ciberimperio romano o Ciberamérica. En ese escenario están presentes una serie de personajes y conceptos que representan la versión tragicómica de la actualización de la antigua tradición cristiana. El Papa (Bill Gates), sus catecismos (El Mundo digital de Negroponte), su lenguaje sagrado- cabalístico (html), sus herejes (Linux), sus profetas y misioneros (Esther Dyson), su alquimia (e-comerce), sus colonias (Ciberhispania), sus límites y sus bárbaros (África), etc. En el escenario descripto, los partidarios de Ciberatenas serían como los griegos paganos, un grupo marginal que aspira a crear un nuevo caballo de Troya para introducirlo en el interior de la Nueva Ciudad de Dios.


La modalidad

Las tesis, de por sí asombrosas y estimulantes, están planteadas en lo que ellos consideran un nuevo género. Nos es ingenuo que hablen de un nuevo género, porque el modelo de intelectual que proponen reclama una nueva forma: el ensayo cibercultural. El ensayo cibercultural como ensayo-ficción es un híbrido de ensayo y cibercultura, que tiene unos pocos y desconocidos antecedentes. Entre ellos estarían las llamadas "historias del futuro" que investigan cómo será el futuro utilizando los recursos del ensayo. Pero en contraste con las historias del futuro, las profecías, la especulación científica o la ciencia-ficción, estas tesis no pronostican sino que toman y analizan una parte del presente como si en el futuro esta línea de investigación ya se hubiera cumplido.


En este punto viene un aspecto sumamente importante, que le otorga una dosis de militancia a la propuesta. El objetivo es que ese futuro no se cumpla, que nunca ocurra, de esa manera las tesis serían el testimonio de la resistencia de los autores, y de quienes los acompañen, ante uno de los posibles destinos del mundo. "La intención última de esta tesis-ficción es conjurar ciberculturalmente un futuro negativo, para ir construyendo un presente convivencial, sostenible y anti-utópico".


Por una Ciberatenas

Los autores postulan que la pretensión última de los pseudointelectuales del digitalismo es confundir y fundir la religión con las cibertecnologías, eliminar cualquier pensamiento diferente y conducir a la humanidad a una nueva edad media dominada por los ciberempresarios. Para compensar esta situación proponen que de la comunidad científica surjan intelectuales que hagan posible una ciencia anti-hermética, una tecnología convivencial y que expresen públicamente su desacuerdo con el digitalismo desmontando sus mitos.


Para realizar esto deben encargarse de exponer una cierta teoría filosófica ciberateniense; teoría que permitiría a los ciberintelectuales ciberatenienses emprender la efectiva construcción de Ciberatenas. A esta teoría la denominan "hiperfilosófica". La "hiperfilosofía" es un híbrido de un rasgo formal y cognitivo de la cibercultura -lo hiper(textual)- y el ejercicio de la filosofía como producción intelectual y reflexiva de cualquier género.

La teoría hiperfilosófica es una apuesta por el pensamiento en la cibercultura y una invitación formal de construir Ciberatenas en la Nueva Ciudad de Dios. De más está decir que Ciberatenas no es un lugar real, deseable, posible, sino una zona virtual (en los dos sentidos), un espacio inmaterial, intangible, imaginario que pueda servir, por el momento, para pensar de una forma diferente y en algo diferente.

Sea que acordemos o no con esta propuesta, no se puede negar su condición de gesto singular y renovador. Esta perspectiva nos permite ver que las cosas no tienen siempre dos caras, que cuando cambiamos de plano podemos observar una mayor complejidad en ese objeto e imaginar creativamente su futuro aportando recursos para su creación.

 
Imprimir nota