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DIARIO DE NAVEGACIÓNDe La Nueva Ciudad de Dios a CiberatenasUn filósofo y un artista españoles desarrollaron una particular lectura de las nuevas tecnologías, donde postulan que la revolución digital es la última expresión de una tradición marginal en el pensamiento de occidente. Por Gustavo Pablos
Pareciera que las nuevas tecnologías se explican por sí
solas, y las únicas opciones que tenemos son la admiración,
el rechazo o la apropiación de algunas de sus herramientas. Si
nos dejamos llevar por la admiración, no habrá margen para
la duda, mientras que si ejercemos la sospecha, ya sea absoluta o relativa,
estamos condenados a cierta pasividad. Para recurrir a una vieja formula,
o bien somos apocalípticos, o bien somos integrados, pero difícilmente
podamos pensar en una figura más soberana, como la del apocalíptico
integrado. Por eso me interesa reseñarlo, porque no se trata de cambiar una fe por otra, sino de mostrar que si bien las cosas habitualmente se piensan desde una posición, también es posible pensarlas desde otras posiciones. Esa nueva mirada, que quizás sea como pasar de un plano detalle a un plano general, tal vez contribuya a generar cambios sobre lo que pensamos, y cómo lo pensamos, además de hacer posible que el objeto observado (en este caso Internet y las nuevas tecnologías) tome un nuevo rumbo. Andoni Alonso y Iñaki Arzoz han creado una propuesta, La Nueva Ciudad de Dios: Tesis ciberculturales para una visión crítica de la cibercultura, donde postulan una visión utopista y casi religiosa en las teleco-municaciones actuales. La página (www.terra.es/personal4/puelles) es el nivel 3 del proyecto, que comenzó con el libro La Nueva Ciudad de Dios y el CDRom adjunto, con materiales complementarios y colaboraciones invitadas.
Glosar esta propuesta es una vasta empresa, me voy a detener en algunos aspectos significativos. Uno de los ejes es que en la actualidad Internet muestra la misma concepción de la tecnología como magia salvadora gestada en el siglo XVI. Los autores postulan que el Renacimiento comienza a generar la utopía tecno-religiosa que culmina en autores contemporáneos como Frank Tipler o Freeman Dyson. El núcleo, origen y fundamento de la cibercultura no residiría en las novedades de la tecnología, tampoco en la tecnología en su conjunto, sino en ciertas ideas, consideradas arquetípicas de la cultura occidental, que habrían conformado lo que hoy entendemos por cibercultura. Es decir, existiría una tradición occidental con pensadores, artistas, científicos y visionarios que generaron paulatinamente una cibercultura marginal que dio lugar a la cibercultura actual. No serían la informática, la inteligencia artificial o Internet, las tecnologías que han creado la cibercultura, más bien es la cibercultura la que ha generado las tecnologías cibernéticas (o al menos ambas se han creado simultáneamente). Una de las tareas que llevan adelante sus autores es la de establecer una genealogía de sus hitos y personajes más relevantes.
Lo más importante del desarrollo tiene que ver con las tesis centrales. Según estos autores la cibercultura (el conjunto de manifestaciones sociales y culturales en torno a las cibertecnologías) se está convirtiendo en una religión: la religión digitalista, una nueva versión de la fe en la tecnociencia moderna. Su origen lo podríamos encontrar en una tradición tecno-hermética, que considera el hermetismo como vía religiosa para el conocimiento y cree que la tecnología puede construir un paraíso artificial. Para explicar la conversión de la tecnología y las cibertecnologías en religión digitalista, postulan el principio de que vivimos en una época de decadencia de las religiones monoteístas. En este contexto, Norteamérica tomó la iniciativa. Es el país que originó el Ciberimperio americano e impulsó la evangelización del digitalismo como manera de introducir el modelo político, económico, social y cultural de la Nueva Ciudad de Dios frente a Europa que representa una Ciberatenas más crítica y concientizada. No obstante, ¿cómo llegan a esta formulación que combina relatos y argumentaciones de diversas disciplinas? La interpretación toma como eje dos parodias. El digitalismo del Ciberimperio norteamericano sería una versión tecno-hermética del cristianismo en el momento en que se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. De ahí que La Ciudad de Dios de San Agustín (libro que ubica la conversión espiritual de la Roma pagana asaltada por los bárbaros), sea considerado como emblema de la situación y clave metafórica de la investigación. Una investigación que conduce, con agudeza pero también con mucha ironía, a la conclusión de que las nuevas tecnologías son el fermento de una religión cientificista que quiere guiarnos a una Nueva Jerusalén celestial alejada de la diabólica Babilonia de la realidad. La segunda y paródica investigación ha sido caracterizar al digitalismo como religión imperial más o menos copiada del cristianismo en el contexto del nuevo Ciberimperio romano o Ciberamérica. En ese escenario están presentes una serie de personajes y conceptos que representan la versión tragicómica de la actualización de la antigua tradición cristiana. El Papa (Bill Gates), sus catecismos (El Mundo digital de Negroponte), su lenguaje sagrado- cabalístico (html), sus herejes (Linux), sus profetas y misioneros (Esther Dyson), su alquimia (e-comerce), sus colonias (Ciberhispania), sus límites y sus bárbaros (África), etc. En el escenario descripto, los partidarios de Ciberatenas serían como los griegos paganos, un grupo marginal que aspira a crear un nuevo caballo de Troya para introducirlo en el interior de la Nueva Ciudad de Dios.
Los autores postulan que la pretensión última de los pseudointelectuales del digitalismo es confundir y fundir la religión con las cibertecnologías, eliminar cualquier pensamiento diferente y conducir a la humanidad a una nueva edad media dominada por los ciberempresarios. Para compensar esta situación proponen que de la comunidad científica surjan intelectuales que hagan posible una ciencia anti-hermética, una tecnología convivencial y que expresen públicamente su desacuerdo con el digitalismo desmontando sus mitos.
La teoría hiperfilosófica es una apuesta por el pensamiento en la cibercultura y una invitación formal de construir Ciberatenas en la Nueva Ciudad de Dios. De más está decir que Ciberatenas no es un lugar real, deseable, posible, sino una zona virtual (en los dos sentidos), un espacio inmaterial, intangible, imaginario que pueda servir, por el momento, para pensar de una forma diferente y en algo diferente. Sea que acordemos o no con esta propuesta, no se puede negar su condición de gesto singular y renovador. Esta perspectiva nos permite ver que las cosas no tienen siempre dos caras, que cuando cambiamos de plano podemos observar una mayor complejidad en ese objeto e imaginar creativamente su futuro aportando recursos para su creación. |