DEMOCRACIA PARTICIPATIVA [1]

En esta entrevista realizada por El Grano de Arena, e-zine de la organización ATTAC [2], el sociólogo y escritor Heinz Dieterich [3] especula sobre las posibilidades de construcción de una práctica democrática más inclusiva y el rol que les compete a los intelectuales y las nuevas tecnologías.

Por Hugo Gulman [4] y Susana Merino [5]

¿Qué es una democracia participativa?

Una democracia participativa, a diferencia de cómo se está usando el concepto en los partidos convencionales, es una nueva civilización. Es una nueva sociedad global no capitalista, que tiene tres instituciones básicas, igual que los tres pilares civilizatorios de la sociedad burguesa: la economía nacional de mercado, la democracia formal plutocrática y el Estado clasista. La nueva civilización se basa, entonces, en una nueva economía de equivalencias centrada en el valor objetivo y democráticamente planificada por los ciudadanos. En segundo lugar, la dimensión política tiene tres aspectos: 1) recuperar el aspecto formal, que hoy día sufre una involución plutocrática en las democracias occidentales, 2) agregar el aspecto de la democracia social, y 3) instalar la democracia directa o plebiscitaria en las grandes decisiones de la república, con un estado no clasista, es decir, un estado que no se interesa primordialmente en los intereses de la elite económica sino que es un receptor de la voluntad general, tal como debe ser.

¿Cómo se instaura?

Hay que diferenciar ese conocimiento de lo nuevo, de la nueva sociedad, de la fase de transición. Esto es fundamental. La primera tarea es el conocimiento, el entender qué clase de institucionalidad debe sustituir la institucionalidad actual, no porque uno lo quiere sino porque nace prácticamente del "genoma" de la historia de la humanidad. Una vez entendido esto, el horizonte estratégico, hay que hacer la transición, porque la transición es algo muy diferente a la institucionalidad final. Y ese programa de transición tiene que contener varios elementos, relacionados con la enfermedad, porque es la etapa de terapia. La terapia que se le prescribe a un enfermo depende de la enfermedad que sufre el paciente. Esto quiere decir que a la enfermedad sistémica de la economía de mercado y de las instituciones es necesario responder también sistémicamente con instituciones alternativas. En segundo lugar, el sistema de dominación y de explotación que actúa sobre nosotros es global y, por supuesto, incluye desde la Bolsa de Nueva York hasta al cacique de barrio. En tercer lugar, el control y la explotación se ejercen sobre las cuatro relaciones sociales básicas: la económica, la política, la cultural y la militar. Entonces el proyecto tiene que ser integral.

¿Hay un tipo de construcción simultánea, o debe seguirse un orden sobre estos cuatro elementos: económico, político, cultural y militar?

Para mí, el eje más importantes es el económico, porque la gente textualmente sufre hambre y lucha por sobrevivir. El otro día estuvimos en San Martín, donde hay un asentamiento sobre un basurero y la gente come, si tiene suerte, cada 24 horas. Es algo que resulta realmente infernal. Por lo tanto, el eje económico es fundamental, porque esa necesidad requiere una respuesta inmediata. Pero esto también está vinculado al aspecto cultural, porque hay que explicarle a la gente por qué, así como le dan un choripán hoy, mañana se lo quitan. Con un plan de trabajo sucede lo mismo: pueden dárselo hoy y mañana, con una orden del FMI, se lo quitan. Entonces, la concientización y la respuesta económica tienen la misma importancia. Tercero, como la pirámide de poder termina en el Estado, es necesario entender también la crisis política.

Yo diría que lo menos importante en este contraproyecto es el militar, porque las viejas ideas de los años '60 que que pretendían la creación de un ejército popular están, a mi juicio, totalmente desactualizadas. Sería imposible disponer de tanques o de más poder de fuego que un ejército profesional. Es preciso entender que el punto débil de esa máquina de represión no es el hardware -que siempre va a ser superior al nuestro- sino el software, el operador humano, porque si el que maneja el tanque no dispara, el tanque, por más temible que sea, sólo es pura chatarra.

Entonces, los tres pilares sociales fundamentales son lo económico, lo social y lo político. Los grandes poderes nos han ametrallado simultáneamente con su poderío económico y con toda una enorme batería cultural, instalando así lo que a ellos les conviene. De modo que las tres disciplinas están íntimamente relacionadas.

¿Con cuál de los tres iniciaría un cambio: el económico, el político o el cultural?

Lo que sucede es que las cuatro dimensiones están integradas. Por lo tanto, no es posible plantear "primero arreglamos la conciencia", o lo que ellos llaman arreglar la economía, sino que la conciencia se desarrolla en la lucha cotidiana, tratando, por ejemplo, de conseguir el agua que se les niega.

¿Cómo se concientiza a la gente sin contar con los medios masivos?

Hace unos días, publicamos en El Grano de Arena que en Bolivia los campesinos lograron suspender la privatización del agua; en Paraguay ha habido un movimiento muy importante que impidió sancionar una ley sobre privatizaciones; en Perú, otro tanto. Eso nos llega por vía de los medios alternativos que se leen en Internet, no en los diarios. De otro modo la gente no podría saber que organizándose de esa manera se tiene más fuerza.

Lo que sucede es que el único medio de gran eficiencia conque contamos es Internet. Todo los demás los acaparan ellos. Podríamos decir que la radio e Internet son eficaces; la televisión y los periódicos están más controlados. La radiofonía, en cambio, es mucho menos monolítica; existen muchas pequeñas radioemisoras. En realidad, lo que llega por Internet es información a la que accede la gente que está convencida de la necesidad de hacer cambios. Pero es la gente común la que necesita saber que se puede hacer ese cambio. Lo que está haciendo falta es un eslabón entre los intelectuales, que tienen computadoras, fax o teléfono y los movimientos sociales, conformados por las mayorías. Por lo tanto, la clave es que Internet pase la información a los intelectuales locales (en el fondo, todos somos intelectuales, hay maestros, escritores, etc.) y que éstos trabajen con los movimientos sociales, para divulgarla. Porque si no existe el enlace intelectual se rompe la cadena.

¿Qué país o qué ciudad pueden ser hoy ejemplos de lo que es una democracia participativa?

Hay ejemplos de participación en los niveles inferiores de gobierno como en Porto Alegre, por ejemplo, donde la gente participa en la elaboración del presupuesto municipal. Creo que en España, en algunas autonomías, también existe en mayor o menor medida cierta democracia participativa. Pero, como decía, no se trata simplemente de que haya alguna incidencia en asuntos de carácter cotidiano; cuando hablamos de democracia participativa preferimos decir que es una sociedad diferente de la capitalista. Por ejemplo, participar en la elaboración del presupuesto del barrio es un paso adelante, es una buena iniciativa del PT (Partido de los Trabajadores del Brasil), pero el verdadero poder económico se concentra en el presupuesto nacional. Por lo tanto, hay que ampliar la demanda (de información) al presupuesto nacional. Hoy en día, con Internet y las computadoras, resultaría muy fácil discutir el presupuesto nacional en no más de dos o tres meses. Se aprieta un botón y se sabe qué es lo que quiere la gente. Lo importante es obtener el control de las decisiones trascendentales. Lo cotidiano está bien, es necesario, pero lo decisivo reside en el poder trascendental que está en dos o tres nodos del sistema.

El problema es que en Latinoamérica está siendo cada vez más restringido el uso de nuevas tecnologías.

Por supuesto, porque en la medida en que se regresa a la situación de África destruyendo las economías y se pasa a destruir la educación, se destruye también la convivencia pacífica y se termina con las posibilidades de estudiar. Todo eso conspira, por una parte, [en] contra de un proceso de liberación, pero, por otra parte, deja caer la careta del sistema, que así se muestra extremadamente feroz y brutal. Es más fácil hablar con la gente, es dialéctico. Como todos sabemos, no existe una correlación positiva entre progreso y conciencia.

¿Qué tan optimista es, qué horizontes puede uno plantearse para que puedan producirse algunos cambios?

Bueno, mira, yo soy optimista porque en el fondo sólo hay tres posibilidades de futuro. El primero es que las elites logren mantener sus sistemas. Yo no creo que esto suceda, porque el desarrollo objetivo de la humanidad indica que no va a ser así. El segundo es que, finalmente, se logre construir una sociedad para todos. Y el tercero, que acontezca un holocausto nuclear. Es decir, que las posibilidades más probables son las dos últimas. Creo que el desarrollo va en una dirección muy diferente a la actual, y esto sí puede suceder, tal vez, en un par de décadas, aunque nosotros posiblemente no vayamos a verlo.

Pero lo importante es saber que no estamos nadando contra la corriente de la historia, sino que estamos dentro de una evolución objetiva. Y eso es porque si tú estás en un proceso de adolescencia, tu evolución te conducirá hacia la edad adulta. Si tú tratas de volver a la niñez, será imposible que funcione. Por lo tanto, tratar de bloquear la evolución objetiva de la humanidad es como tratar de volver hacia la infancia. Esto no lo van a lograr, no tienen suficiente fuerza para hacerlo.

Buenos Aires, junio de 2002.

Notas

[1] Esta nota fue extraída del e-zine "EL GRANO DE ARENA, Correo de información ATTAC n°148" del miércoles 17/07/2002. Para más información o suscribirse ir a: http://attac.org/argentina/ y clickear en El Grano de Arena.

[2] La Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas para Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), es una red internacional que, recuperando la idea del Premio Nobel James Tobin, promueve el establecimiento de un impuesto a las transacciones financieras especulativas, cuya recaudación se destinará al financiamiento de programas de desarrollo económico y social. Para más información ir a: http://attac.org/indexes/index.html.

[3] El Dr. Heinz Dieterich Steffan es un prestigioso sociólogo y escritor alemán, especializado en la conflictividad latinoamericana. Doctorado en Ciencias Sociales y Económicas en la República Federal Alemana y Profesor Titular en la Universidad Autónoma y Metropolitana de México, lleva publicados más de 30 libros y numerosos artículos, algunos de los cuales pueden consultarse en http://www.rebelion.org/dieterich.htm.
[4] Al cierre de esta nota aún no habíamos recibido información sobre el co-autor de la entrevista, sepa disculparnos.

[5] La escritora Susana Merino es la Coordinadora de ATTAC-Argentina, y se desempeña como editora de la publicación digital "El Grano de Arena" y webmaster del sitio de la organización.

 
Imprimir nota