ANDRÉS DI TELLA [1]: "Lo personal es político"

El documentalista argentino reflexiona sobre el impacto de la tecnología digital en el cine y las perspectivas de la producción audiovisual nacional.

Por María Eloísa Oliva

En los últimos tiempos, la tecnología digital irrumpió en la producción audiovisual abriendo nuevos interrogantes técnicos, estéticos y sociales. ¿En qué cambian los discursos audiovisuales? ¿Quiénes acceden a los medios de producción? ¿Qué pasa con el cine tradicional en el mundo y en la Argentina? Sobre esto opina Andrés Di Tella:

- ¿Cómo te parece que la tecnología digital modificó la forma de hacer cine?

- Para mí fue una revolución. Curiosamente, no difiere tanto de la cámara de video que ya existía, pero con el mismo tamaño de cámara se cuadruplicó la calidad de imagen. Al respecto, hay que considerar dos cosas: una es la palabra "digital", que se volvió una palabra mágica. Suena más interesante, más moderna que "video". Además, es un hecho real que la tecnología digital está ligada con el ordenador, con la posibilidad de trasmitir las imágenes vía Internet.

Por otro lado, creo que hubo un hecho de gran impacto psicológico, que fue el Dogma 95 [2]. Tuvo impacto, en primer lugar, porque las películas fueron buenas, pero también porque Lars Von Trier era un director ya consagrado y no necesitaba hacer una película en video por cuestiones de costo, sino que eligió hacerlo, y eligió una camarita de consumidor, no profesional. A partir de eso mucha gente pensó: "Pero, cómo, si él, que puede, no agarra el 35mm...". De alguna manera, legitimó esta nueva forma de hacer cine.

Durante la primera edición del BAFICI [3] realizamos un taller sobre el Dogma 95, y en esa oportunidad hablé con Von Trier sobre esto. Él me dijo que, básicamente, había hecho el Dogma porque cuando realizó su película anterior, Contra viento y marea [4], estuvo casi cuatro años en el proyecto, y cuando llegó el momento de filmar prácticamente no le quedaban ganas de hacer la película. Entonces se planteó: ¿Será posible hacer una película sin proyecto, sin industria, sin estructura?, y ¿cómo sería? Y la respuesta fue ésa: con una camarita, y haciendo un dogma en media hora, en chiste. La esencia de las reglas es, básicamente, cómo filmar con una camarita y nada más: sin luces, sin set, con sonido directo... Finalmente, las películas resultaron ser muy interesantes. La Celebración [5] fue además un éxito comercial. Así que me parece que el Dogma generó algo impactante: en todo el mundo y casi todo el mundo sentía que podía hacer una película con una camarita. Eso fue revolucionario.

- A nivel estético, ¿qué tipo de cambios te parece que esta tecnología suscita en el cine?

- Bueno, evidentemente tira la imagen hacia un lugar más documental, por la idea de filmar con luz disponible o la idea de que la imagen no es perfecta. Y el documental, si bien puede ser cualquier cosa, está asociado con esa idea de la imagen no limpia, al punto que muchas veces, para dar sensación de verdad o de documentalismo, se degrada la imagen o se hace cámara en mano. Antiguamente era el 16mm el que tenía, en comparación con el 35mm, una imagen más granulosa, más imperfecta.

Creo que, coincidentemente, hubo un momento -que todavía se está viviendo- en el que la interrelación entre ficción y documental es mayor. Esto, básicamente, tiene que ver con un abandono de los sets y de la artificialidad de cierto cine de Hollywood. Y bueno, realmente con una cámara digital vos podrías estar filmando esta escena, en este bar, sin otra luz que ésta. Y eso es sorprendente, porque antes para grabar la misma escena se reconstruía el bar, se ponían luces, 100 personas alrededor... Ese cine todavía existe, pero ahora hay una alternativa.

- En el llamado "nuevo cine argentino", la imbricación de los géneros ficcional y documental es bastante fuerte...

- Sí, pero en todo el mundo es así. Igualmente yo creo que eso es algo que siempre existió. El Ciudadano, de Orson Welles [6], es una cruza total de documental y ficción: empieza con un falso documental, y la estructura es la del documental. Pero lo que pasa es que ahora el cruce es mayor, es mucho más fuerte.

- Respecto a la estructuración del relato, ¿qué te parece que cambia?

- Como te decía, por un lado, tiró la imagen hacia lo documental; por otro, hacia lo intimista, hacia la vida privada. El hecho de que, por ejemplo, yo podría estar filmando ahora esta situación con una camarita y sin que nadie se dé cuenta, o que puedas filmar en tu casa, eso es crucial. Básicamente es eso: el giro a lo documental y hacia la intimidad. Esto llegó tanto al cine como a la televisión, y me parece que culminó con Gran Hermano, que fue un fenómeno mundial excesivo.... Se llegó a un límite: la intimidad fabricada, puesta para verla, el voyeurismo más absoluto. Pero yo creo que en todo este género de la vida íntima, de la vida privada, hay una pulsión voyeurista. Y es muy interesante porque eso explotó en todos lados. Además está la Internet, que sirvió para que mucha gente pusiera una página personal con una webcam y cualquiera pudiera ver a esa persona en su vida cotidiana. De todos modos, esto es más popular en EE UU, donde yo creo que hay toda una filosofía de exponer la vida al público. En Argentina todavía la censura es mucho mayor respecto a la vida privada.

- Digamos que de algún modo se derriba la frontera entre lo público y lo privado...

- Sí, se tiende a eso...

- Lo digital puede ser pensado también en su potencialidad como documental social, como lo sucedido en Seattle hace unos años o lo que pasó en diciembre en Argentina [7], qué pensás respecto a esto?...

- Me parece que en Argentina todavía no hay suficiente tecnología para disfrutar o usufructuar la potencialidad de esos medios. Por ejemplo, somos muy pocos los que tenemos banda ancha, entonces los videos que circulan en Internet no se pueden bajar, o resulta muy dificultoso. Son pocos los que tienen Internet; es más, son pocos los que tienen teléfono... Uno a veces toma como referencia lo que pasa en EEUU o en Europa, y creo que acá esos procesos no tienen mucho impacto. En todo caso, acá tuvo más impacto el tema de las cadenas de mails, que es algo muy antiguo tecnológicamente. Pero el uso de Internet para pasar videos no llegó demasiado.

En cuanto al documental social, yo creo que todavía en Argentina está corriendo detrás de la televisión, que en los últimos años sí ha pegado un salto grande en cuanto a la producción de documentales, desde los reality shows hasta Gran Hermano, Punto.doc o Telenoche Investiga; y, en general, todos tienen un nivel de actualidad y de impacto bastante buenos, que me parece que el video o el cine independiente, curiosamente, no han alcanzado. No he visto tanto del llamado cine piquetero, pero las cosas que vi no son muy diferentes de lo que ofrece la televisión, sólo que expresan un discurso abiertamente contestatario que la TV no tiene. Pero a mí me parece que es más importante lo que se hace que lo que se dice. Entonces, si estás haciendo algo con la lógica de la TV y simplemente estás diciendo cosas más "radicales", me parece que es más radical todavía la TV.

- Y en cuanto al tema de la accesibilidad, ¿qué posibilidad de generar nuevos canales ves en lo digital?

- Eso sí, yo creo que es más simple. Pero con el tema del fin de la convertibilidad es otra cosa más que ha cambiado, ahora los cassettes son carísimos, las cámaras son carísimas. Es una realidad diferente de lo que está pasando en otros países, y diferente de lo que pasaba acá hasta hace un año.

De todos modos hay gente que sí tiene equipos y cámaras... Creo que va a llevar un tiempo hasta que los que están haciendo videos sociales o políticos maduren artísticamente, porque me parece que si bien puede haber una intención política, es un medio que requiere un arte, y si vos no manejás el arte, el medio te maneja a vos. Si estás haciendo algo parecido a la televisión, es más fuerte el mensaje "estoy haciendo algo parecido a la televisión" que el mensaje "yo soy de izquierda". Y eso tiene un costo. Por eso es muy interesante lo del camino hacia la intimidad y la experiencia personal, y creo que el aporte que hace el documental independiente, ya sea que se llame político, o social, o no se llame nada, es más bien la recuperación de la comunicación persona a persona. Un documental independiente de un autor te habla directamente de alguien, no de una entidad, ni una entelequia, como puede ser un canal de televisión o un grupo social determinado, sino de un individuo.

Hay un concepto que es el de "trauma", que es un acontecimiento que nos sobrepasa y no podemos elaborar ni emocional ni intelectualmente. Y me parece que nosotros ahora estamos traumados por el exceso informativo. Ese exceso de información genera un acontecimiento que nos excede y no sabemos cómo reaccionar ni cómo asimilarlo. Creo que la recreación del diálogo personal a través del cine independiente o del testimonio independiente es una forma de salir de esa lluvia de información y volver a una cosa más de comunicación, de la experiencia individual. Eso me parece que puede ser político.

La combinación de la experiencia personal, la intimidad, a las que se prestan herramientas como la cámara digital o Internet, con una conciencia de los problemas sociales, es algo para tener en cuenta. Hay momentos muy interesantes que estamos viviendo en Argentina, porque en EEUU y en Europa muchas de las experiencias, del tipo de las homepages personales de las que hablábamos, son muy solipsistas, autocomplacientes. Pero acá es muy difícil hacer eso, es muy difícil que no te afecte lo social, es casi imposible. Cualquier testimonio que hagas va a traer lo social. Me parece que el camino, o al menos el que me interesa a mí, es el punto de vista personal y cómo eso se junta con lo social para retomar una vieja consigna del feminismo: "lo personal es político". Me parece que hoy es válida no sólo para el feminismo sino para todo esto que está pasando.

- Yendo más hacia una cuestión de soporte, la noción de cine está atada tradicionalmente a algo técnico, que es la película de 35mm. Ahora, ¿qué pasa cuando, por ejemplo, gente como Rohmer utiliza la tecnología digital para realizar sus largometrajes [8]? ¿Por dónde te parece que pasa a definirse el cine?

- Pero eso no es nada... Es algo muy complejo, porque seguramente de acá a unos años ya no va a haber más proyectores de 35mm. Eso no sé si es bueno o malo. Posiblemente las distribuidoras envíen las películas por Internet y cada distribuidor local, cada exhibidor, va a tener un código y la va a bajar y a proyectar. Eso puede ser una gran explosión de diversidad y eliminar todo el problema del costo de las copias, la distribución, y los laboratorios... O puede ser una vía a una mayor monopolización que la actual. Eso está por verse.

Es rarísimo, la tecnología del cine hoy es la misma de hace cien años, las máquinas han sido un poco mejoradas, pero nada más... Con lo digital empieza a haber cambios muy grandes. Cuáles van a ser exactamente, no sé. Lo que estábamos hablando antes tiene más que ver con las "camaritas", con la tecnología digital miniaturizada, pero también hay cámaras digitales que reproducen casi con la misma textura de un 35mm, aunque a ésas las van a tener grandes estudios.

- ¿Un mismo sistema con cambios tecnológicos?

- No, no creo... La tecnología inevitablemente trae cambios, pero no sé muy bien todavía cuáles son. Por ejemplo, con respecto a Internet, yo participo en un foro internacional de documentalistas, donde se encararon dos proyectos colectivos de cortos en la web que yo nunca pude ver. Nosotros -los argentinos- en cuanto a eso todavía estamos en un momento difícil. Pero ellos discuten mucho sobre esto, y sobre cómo en el caso del documental cada vez hay menos bocas de salida, y la televisión, mayormente en EEUU, tiende a estandarizar. Permite menos documentales de autor que antes, por razones básicamente comerciales. Y en el foro se habla de encontrar a través de Internet nuevas vías, nuevas narrativas. Por ahí a través de fragmentos que el internauta después edita a su manera, relacionando escenas o secuencias con textos...

- Digamos que ahí no habría una noción muy clara del autor...

- Hay alguien que está ofreciendo un material, pero hay una mayor participación del espectador, que en este caso se convertiría no en un coautor, pero sí en un lector muy participativo... Todo esto es algo de lo cual yo estoy un poco al margen, pero me parece interesante porque se plantean estas cuestiones de narración. Yo concibo la narración como algo que el autor arma, como el arte del relato. Quizás haya un arte del relato más interactivo en esto de otorgar opciones y prever las elecciones; es un arte narrativo más especulativo, pero es algo que puede ser muy atractivo para el documental: uno siempre deja afuera muchas cosas cuando arma el relato y esta puede ser una forma de volver a usar lo que quedó en el piso de la sala de montaje.

- En cuanto a las posibilidades económicas de la Argentina de hoy, te parece que hay espacio para otro cine que el que usa esta tecnología más "barata"?

- Yo creo que sí. Hay ya una serie de directores que tienen cierto renombre internacional y pueden conseguir fondos de afuera para seguir haciendo sus películas. De hecho, ahora Martín Rejtman está filmando en 35mm con plata que consiguió afuera. Rejtman es un caso emblemático, porque él hizo sus dos primeras películas en una forma muy precaria, filmando los fines de semana. Y ahora es la primera vez que está filmando más o menos con todos los recursos. Y tampoco "tantos" recursos. Me parece que lo que pasa es que estos cineastas jóvenes salen a hacer su película caiga quien caiga. Y entonces es gente que está preparada para seguir filmando en las condiciones que ahora van a ser obligatorias. Los que no van a estar preparados son los que están acostumbrados al subsidio fácil.

Yo no digo que sea buena esta situación, pero me parece que el que tiene ganas de filmar va a agarrar su camarita y se las va a ingeniar. Yo soy bastante optimista, porque creo que así como el Dogma liberó a muchos, directores como Pablo Trapero, Martín Rejtman o Lucrecia Martel también liberaron mucha energía. Mucha gente dijo "Ah! no hace falta ser un señor con contactos o pasarme los días en el bar que está al lado del INCAA, basta con tener energía y talento". Para mí eso es muy importante, es una lección enorme... Y salieron centenares de directores, y la cantidad también hace a la calidad. En ese sentido creo que es el mejor momento del cine argentino. Económicamente no, pero espiritualmente me parece que nunca estuvo mejor. Los realizadores de hoy se interesan mucho más por el cine, y no tanto por hacer discursos políticos. Eso puede venir agregado, pero no es lo principal.

Y creo que la tecnología digital puede ser la puerta para que muchas de estas películas se sigan haciendo. Para Lucrecia Martel no va a ser un problema conseguir fondos para su próxima película, pero quizás, la próxima vez, Lucrecia Martel no va a acceder a filmar en 35mm... Además, lo digital no sólo permite filmar barato sino también editar. Cada vez es más accesible. Y entonces podés armar una película o aunque sea un borrador, y si la película tiene fuerza y autenticidad, enviándola a fundaciones o festivales podés, después, conseguir terminarla. Antes era muy difícil llegar a la instancia de filmar, y entonces lo que está pasando es enormemente liberador. Yo pertenezco a una generación que vivió muchas frustraciones respecto a esto, de pronto el cine era una cosa muy complicada, y había que ser un experto en "transas" para poder hacer una película. Y ahora no es tan así. No es tan difícil. Cambió el juego, ahora hay que ver cómo se juega ese nuevo juego. Yo soy optimista...

Notas

[1] Andrés Di Tella es un documentalista argentino de larga trayectoria. Antes de dedicarse al cine, tuvo su acercamiento a la televisión y al videoarte. Además, dirigió las dos primeras ediciones del BAFICI (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente) en los años 1999 y 2000. Filmografía: Montoneros, una historia (1994), Prohibido (1996), Historia de la Argentina en Vivo (2001, coordinación del proyecto), y La televisión y yo (2002), aún no estrenada comercialmente.
[2] El Dogma 95 es un manifiesto firmado en Copenhaghe el 13 de marzo de 1995 por un grupo de directores daneses encabezados por Lars Von Trier y Thomas Vinterberg. El texto de su "voto de castidad", un decálogo que se propone como alternativa a la artificialidad imperante en la industria cinematográfica, dice así:

"Juro atenerme al siguiente conjunto de reglas consignadas en el DOGMA 95:

1. El rodaje debe ser hecho en locaciones. No se deben incorporar
sets ni elementos de apoyo (si un elemento de apoyo es necesario para la historia, debe elegirse una locación donde se encuentre dicho elemento).
2. El sonido no puede ser producido aparte de las imágenes o viceversa. La música no debe ser utilizada, a menos que ocurra donde la escena está siendo rodada.
3. La cámara debe ser portada en la mano. Cualquier movimiento o inmovilidad logrados con la mano están permitidos (la película no debe tener lugar donde está la cámara; el rodaje debe tener lugar donde ocurre la película).
4. La película tiene que ser en colores. No se acepta la iluminación especial (si hay muy poca luz para la exposición la escena debe ser eliminada o puede incorporarse un foco simple a la cámara).
5. Están prohibidos el trabajo óptico y los filtros.
6. El filme no puede contener acción superficial (asesinatos, armas, etc., no deben aparecer).
7. La alteración de tiempo y espacio está prohibida (es decir, el filme sucede aquí y ahora).
8. No se aceptan películas de género.
9. El formato de la cinta debe ser 35mm (
academy format).*
10. El director no debe aparecer en los créditos.

Además, juro como director abstenerme de ejercer el gusto personal. No soy más un artista. Juro abstenerme de crear una "obra", ya que considero el instante más importante que el todo. Mi meta suprema es forzar hasta la realidad mis personajes y escenas. Juro hacerlo por todos los medios disponibles y a costa de todo buen gusto y de cualquier consideración estética. Así, hago mi voto de castidad."

(*) Nótese un hecho de particular relevancia para la cuestión que concierne a esta entrevista: este manifiesto no se ha cumplido en la práctica de manera ortodoxa, y las principales películas realizadas en el marco del mismo han sido filmadas en video, rompiendo la regla nº 9.
[3] Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente, cuya primera edición tuvo lugar en 1999.
[4] Breaking the waves, Dinamarca-Francia, 1996.
[5] Festen, de Thomas Vinterberg. Dinamarca, 1998.
[6] Citizen Kane, EEUU, 1941.
[7] Se refiere a los incidentes que tuvieron lugar en noviembre de 1999 en la ciudad estadounidense de Seattle, en el marco de un encuentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC), a partir de la concentración de 140.000 activistas de múltiples movimientos sociales de todo el mundo, que manifestaron en contra del neocapitalismo y la globalización. Un fenómeno destacado fue el uso de las tecnologías (Internet, cámaras de video, telefonía celular, etc.) para la convocatoria, organización, logística, monitoreo, registro, documentación y difusión de estas acciones. Estos métodos sofisticados fueron utilizados y perfeccionados en acciones similares en todo el mundo, incluyendo los "cacerolazos" y otras movilizaciones que tuvieron lugar en Argentina a partir de diciembre de 2002.
[8] El director Eric Rohmer realizó su última película La dama y el duque (La anglaise et le duque, 2001), que versa sobre la revolución francesa, íntegramente con tecnología digital.

 
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