LECTURAS DE GUERRA

En los umbrales de una nueva forma de guerra, tal vez convenga retrotraerse hacia esos días en que los enfrentamientos todavía merecían llevar ese nombre.

Por Federico Falco

Ya Paul Virilio demostró -al convertirla en el eje de reflexión de gran parte de su obra- cómo la relación entre guerra y cambio tecnológico fue una de las más fructíferas a lo largo del siglo XX [1]. Una relación donde la investigación para el perfeccionamiento de la "máquina de guerra" fue dejando en su estela innovaciones e invenciones varias que traspasaron las fronteras de las bases e institutos militares para ganar los escenarios de la vida cotidiana. Del mismo modo, entonces, podría afirmarse que las propias investigaciones azuzadas por la fuerza bélica destilaron formas de leer y modelizar el conflicto que retroalimentaron el campo científico, pero que, también, drenaron hacia los discursos de lo cotidiano.

El sistema tranquilizador

Durante el último año de la Segunda Guerra Mundial, el científico norteamericano Norbert Wiener debió enfocar sus devaneos matemáticos hacia un problema por demás concreto: cómo calcular la posición exacta hacia la cual debían orientarse los cañones antiaéreos para logra dar en un blanco de por sí móvil. Wiener advirtió que la base de la "conducta de tiro" de estos cañones debía apoyarse sobre la velocidad a la que se desplazaba el avión-blanco, de manera tal que, una vez obtenido este dato, podría predecirse el punto exacto en el que el objetivo se hallaría en determinado momento. Así, bastaba con orientar las miras hacia ese punto del cielo pre-visto, calculando el tiempo que al proyectil le sería necesario para llegar hasta ahí, y así lograr la conjunción de obús y bombardero en un mismo espacio-tiempo, y acabar con la amenaza aérea.

La velocidad a la que se desplazaba el avión pasaba a ser, entonces, una información clave, de la cual dependía todo el proceso. Obtenerla implicaba una lectura del blanco móvil, es decir, una medición del otro integrante; una medición del enemigo.

En 1948, Wiener publicó un libro con las reflexiones que estas investigaciones le habían disparado. El título: Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine. Haciendo centro en la noción de feedback o retroacción, Wiener funda una ciencia, la de la cibernética, donde aplica sus conocimientos bélicos a problemas más mundanos, como, por ejemplo, el manejo de la información dentro de las máquinas de montaje de productos comerciales, o los modos de organizar los mensajes comunicacionales entre el hombre y la máquina.

Campos de arena, campos de batalla

El nombre, Cibernética, proviene de la palabra griega kybernetes, que significa mando o control, y por esto se la conoce como la "ciencia del piloto". Teniendo en cuenta que "todo efecto retroactúa sobre su causa y todo proceso debe estar concebido según un esquema circular", la cibernética inaugura un modo de leer lo real como una serie de elementos interactuando entre sí, realimentándose dentro de un todo plausible de medición, de inventario y de registro. Sofisticando los campos de arena donde los generales de la Primera Guerra Mundial disponían los ejércitos en miniatura y planificaban las estrategias para librar batalla, la cibernética da el paso inicial en la consideración del campo de combate como un "sistema", y abre las puertas para las investigaciones que derivarán en la "Teoría General de los Sistemas" de Ludwig von Bertalanffy [2]. En ella, un sistema -ya sea físico, biológico, sociológico o incluso lingüístico- se define como "un complejo de elementos en interacción, interacciones cuya naturaleza no es aleatoria".

Poder controlar -casi a vuelo de pájaro, o mejor, a vuelo de satélite- el estado de fuerzas del campo donde la guerra toma lugar, mirado a la luz de la Guerra Fría que por entonces despuntaba, resignifica la noción de "sistema" como un modo tranquilizador de leer -y comunicar- el campo de batalla. Desde la simplificación cibernética, el mundo se convierte en un tablero donde las fuerzas polarizadas se enfrentan en débil equilibrio, y donde el "piloto" puede obtener información y predecir movimientos. El equilibrio de poder, la seguridad colectiva, el gobierno mundial se transforman en variables plausibles de medición dentro del sistema global de la guerra. Así, por ejemplo, en 1964, Ithiel de Sola Pool, un científico del MIT [3], abandona sus investigaciones para dedicarse al programa militar Agile Coin, con el objetivo de alcanzar la formulación de un modelo de control de los movimientos "rojos" en Asia y Latinoamérica. La batalla se reduce a una fórmula matemática que refleja el estado de fuerzas.

El deseo imperial: un nuevo modelo

Hasta 1989, año en que cae el Muro de Berlín, era posible la reducción del conflicto a un "sistema" y, por lo tanto, a una lectura polarizada en dos bandos. Sólo dentro de esa perspectiva tiene lugar la posibilidad -tranquilizadora- de predecir -como en el caso de los cañones antiaéreos de Wiener- los movimientos futuros de un enemigo al que se conoce (al que se mide). Al mismo tiempo, justifica las reacciones propias como respuestas obligadas por el sistema y originadas en la mera acción del otro elemento en equilibrio: el enemigo.

Actualmente, las reglas mismas de la guerra y de lo militar están cambiando. El mundo se abroquela alrededor de una supuesta guerra que no tiene más enemigo que las fuerzas pacifistas o la propia intención, por parte de Estados Unidos, de generar un campo de batalla donde no lo hay. Catalogar con la palabra "guerra" un ataque terrorista, o el deseo de intervención sobre Iraq, tal vez sea adherir a una lectura sobre lo real impuesta por la propia administración norteamericana. De todas maneras, un enemigo invisible y la desarticulación de los bloques antagónicos no permiten mirar esta nueva "guerra" desde la perspectiva tranquilizadora del sistema. El conocimiento y la predicción del otro-enemigo es algo que se desarticula cada vez más, ante la evidencia de que no hay un otro bando enemigo, sino una pluralidad de micro-enemigos potencialmente peligrosos, pero siempre evasivos, desterritorializados (pensemos en las tribus nómades, pero también en la denuncia de fábricas de armamento químico montadas sobre camiones en constante movimiento), tal vez mesiánicos.

Así, dentro del discurso mediático viene repitiéndose insistentemente, en los últimos meses, una palabra: imperio. Habría que preguntarse ahora si éste no es un nuevo modo de lectura sobre el conflicto, uno que legitime el hacer unilateral y que no prediga más futuro que el de la invasión.

Notas:

[1] Las obras más significativas del teórico francés sobre este tema son: "La Bomba Informática" (Ediciones Cátedra, Madrid, 1999) y "Estética de la desaparición" (Anagrama, Barcelona, 1998).
[2] Científico y filósofo austríaco (1901-1972). A partir de sus investigaciones en biología y fisiología, desarrolló la teoría sistémica y la aplicó a la psicología y las ciencias sociales, en un intento de lograr una metodología integradora para el tratamiento de los problemas científicos (más información en http://www.isss.org/lumLVB.htm).
[3] Massachusetts Institute of Technology (http://web.mit.edu).

 
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